Gaspar Eliseo Vespoli Silvatici

  • Ciudad Autónoma de Buenos Aires Argentina
  • 15-5799-4748 / 4857-3795
  • gasparx90@gmail.com

Estudiante de Ciencias de la Comunicación                                                                                                            

Work History

Work History
May 2012 - Jun 2014

Cadete de Editorial

El Monje - Librería de Texto

Compra de libros, pago de remitos y facturas. Entrega de cheques y pedidos al clíente.

Aug 2010 - Mar 2011

Vendedor

Falabella Unicenter - Comercio Mayorista

Venta, y atención al clíente en los sectores de jugetería, regalería y bazar.

Mar 2006 - Mar 2010

Cadete de Compras y Abastecimiento

Boutique Nakar - Comercio de Indumentaria

Compra y entrega de telas finas para el confeccionamiento de vestidos de fiesta.

Education

Education
Mar 2009 - Present

Licenciatura en Ciencias de la Comunicación (cuarto año )

Facultad de Ciencias Sociales (UBA)

La Licenciatura en Ciencias de la Comunicación tiene el objetivo de formar profesionales que puedan manejar con espíritu crítico y de manera creativa desde los recursos más simples hasta los más sofisticados para el ejercicio de la comunicación.

Skills

Skills

Excelente nivel de Redacción, Ortografía y Gramática.

Redacción de todo tipo de artículos académicos, publicitarios o periodísticos.

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Pan y Teatro
Un lugar con espíritu mendocino

Pan y Teatro es un restobar típico del barrio porteño de Boedo, ubicado en la esquina de Muñiz y el pasaje Las Casas, donde anidan los
recuerdos del pasado. Nace cuando la familia Marín en los '80 decide mudarse de su finca en Mendoza a la Capital Federal.
Actualmente los hijos de la abuela Antonia Salvo de Marín son sus dueños.

Emplazado en una casa de los años '50, transformada en un mercadito barrial, del que conservaron casi todo. La venta de empanadas
y panes caseros deleitó al barrio y sustentó la pasión por el teatro y el arte de esta familia, quien decide convertirlo en un restaurante, en el que se conjugan todas sus habilidades, ya que todos trabajan en él. Para los Marín, el lugar es mucho más que la cocina de su familia: son añoranzas de aromas, colores y sabores traídos de su Mendoza natal, en una carta, escrita en trozos de cuero – homenaje a un abuelo anarquista – que depara placeres equilibrados entre cantidad, calidad y precio.

Sus paredes decoradas con pinceladas muestran cuadros de artistas impresionistas locales y extranjeros que van y vienen del atelier,
renovado mensualmente todos los sábados a la tarde, con las pinturas más vistas de la galería de arte que está en frente del restaurante. Sus ventanas amplias y siempre abiertas dejan ver una enredadera bignonia florada que cubre parte de su techo y su fachada.

La buena cocina ocupa el lugar más importante y deja aflorar lo artístico en otros ámbitos como la música, la pintura y la poesía. El
escenario, en cuyo centro se encuentra un piano, se puede escuchar un amplio repertorio de jazz y música clásica, de lunes a domingo
al mediodía y los martes, miércoles y domingos por la noche, a cargo del pianista Alberto Duby. Los jueves, viernes y sábados a la
noche, es acompañado por el bandoneonísta Nocito Gonzalez en una selección plenamente tanguera.
En un espacio artístico ubicado al final del corredor, Germinal Marín, un pintor impresionista argentino, dueño de Pan y Teatro, expone sus obras en forma gratuita.

Los aromas del antiguo almacén surgen con intensidad de la cocina. El clima del salón es distendido e informal, las velas y lámparas
atenuadas con telas blancas alumbran el local y permiten distinguir la gente del barrio que va entrando como si fuera su propia casa.
De Mendoza llegan las aceitunas, la mejorana, el tomillo, los alcauciles y el estragón, inconfundibles en cualquier paladar. En el menú
gastronómico, el rol protagónico lo tienen los platos caseros de porciones generosas e ingredientes artesanales, preparados por la
abuela Antonia y servidos sobre mesas de madera tallada. Consta de una exquisita impronta autóctona, los sabores llegan en la
calabaza con humita, en el cordero empanado al horno de barro, y en las empanadas mendocinas que ya son un clásico. Todo condimentado con aceite de oliva extraído de plantaciones de oliva mendocinas y hierbas de la huerta familiar; los postres hechos con el queso oriundo del Valle Uco mendocino como el queso con dulce de cayote o membrillo, y por sobre todo, el toque autóctono del vino de la finca Bermejo de la que los Marín son también dueños, sumado a la extensa variedad de vinos de fincas mendocinas. A los vecinos del barrio, primeros y afortunados clientes se les fue sumando una clientela variopinta, que incluye turistas europeos, españoles e italianos, que conocedores de las largas esperas propia de los fines de semana, reservan su mesa con semanas de anticipación. Tanto los turistas como los porteños que se aventuran por Boedo, son bienvenidos y atendidos como en casa. En Pan y Teatro predomina el concepto de lo casero y familiar, donde el comer es un arte que se comparte entre amigos. Convirtiéndose en un lugar único, que mezcla recuerdos de la Mendoza de los '80 con una música y un ambiente típico del presente porteño.

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NOTA DE ANÁLISIS

DESAMPARO REAL
Una ausencia que preocupa

El club Villa Real es uno de los tantos clubes barriales que solo se mantiene en pie con el aporte de los socios que usan sus instalaciones para realizar deportes y danza artística.
Como dice el Presidente de la Comisión Directiva de la entidad, Andrés Álvarez, todo se hace a pulmón al no tener ningún tipo de subsidio, ni del Estado Nacional, ni del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Pese a la delicada situación económica en que se halla, esta institución deportiva e ícono histórico del barrio, reafirma su compromiso con la comunidad. El presidente del club, por una resolución de la comisión directiva, dispuso prestar la cancha de futbol a dos escuelas públicas zonales para que realizaran actividades deportivas. Sin embargo, el gesto de integración vecinal no reditúo en beneficio alguno para el club, ya que el gobierno de Macri desconoció la medida.
En cuanto a lo legal, el Artículo Nº 33 de la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires instaura la promoción de la práctica del deporte y de las actividades físicas, procurando la equiparación de oportunidades para todas las personas y/o deportistas sean convencionales o con necesidades especiales, en competencias nacionales e internacionales. Por otro lado, todos los clubes de barrio gracias a la Ley Nº 1624/04 que regula promueve, fiscaliza y coordina el deporte amateur, tienen derecho a percibir subvenciones, estímulos y subsidios. Según lo dictaminan los artículos 20 y 21, el Fondo del Deporte debe destinar una parte del presupuesto de la Ciudad a la asistencia y el fomento del deporte amateur. La asignación de dichos recursos comprende la inversión en competencias deportivas, equipamiento, mantenimiento de infraestructura en clubes barriales y el auspicio a atletas. A su vez, el artículo 30 de dicha ley determina que como requisito para gozar de estos beneficios, todo club barrial debe inscribirse en el Registro Único de Instituciones Deportivas. Para efectivizar esta inscripción cada entidad tiene que presentar una descripción de cada actividad que allí se realiza, su domicilio, un desglose de balances contables, y un acta donde consten sus directivos. Sin embargo para que estas prestaciones estatales se concreten toda institución barrial debe estar habilitada por la Subsecretaría de Deportes del Gobierno de la Ciudad. Este ítem, es justamente el meollo de la cuestión, ya que los requisitos para obtenerla, son, para la gran mayoría de los clubes de barrio, insondables. El Club Ateneo Popular Versalles, ubicado a pocas cuadras del Villa Real, ya que ambos barrios son colindantes, está en idéntica situación. Como lo expresa su presidente, Oscar Maldonado, los clubes de barrio son controlados como si fueran empresas de primera línea. Cumplir con esas regulaciones es económicamente algo insondable. Comenta como ejemplo que el tema eléctrico, respecto al armado de la red de cableado que transmite corriente energética, es demasiado caro. Por otra parte, destaca que implementar el sistema antiincendios contemplado en la normativa cuesta por encima del millón de pesos, cifra superior al presupuesto estipulado dentro de un club barrial. El tema se agrava aún más, ya que la gestión del Jefe de Gobierno Porteño tampoco parece aplicar las leyes que su mismo espacio político ha sancionado. La Ley Nº: 1261 / 04, promulgada en 2004, condona las deudas adquiridas por asociaciones civiles sin fines de lucro de carácter deportivo que estén inscriptas en un plan de pagos. No obstante la reglamentación es pasada por alto en pos de recaudar impuestos, como lo grafica Andrés Álvarez, Presidente de la Comisión Directiva del Club Villa Real, al decir que el gobierno persigue a la entidad para que pague, y de hecho reclama que la misma tiene juicios con el Estado en materia impositiva.
Esta realidad ardua y complicada desde lo político-tributario no hace más que socavar las delicadas economías de los centros deportivos barriales. Íconos para la comunidad solventados a pulmón por sus directivos y afiliados, sumados a la ayuda del aporte vecinal. Pero este apoyo es insuficiente para lograr que estas instituciones, puedan crecer y desarrollarse a futuro, viéndose obligados a quedar casi condenados a subsistir con lo mínimo indispensable; y a luchar eternamente sin ninguna posibilidad de cambio.