Gaspar Eliseo Vespoli Silvatici

  • Ciudad Autónoma de Buenos Aires Argentina

Estudiante de Ciencias de la Comunicación                                                   

Work History

Work History
May 2012 - Jun 2014

Cadete de Editorial

El Monje – Librería de Texto

Compra de libros, pago de remitos y facturas. Entrega de cheques y pedidos al clíente.

May 2012 - Jun 2014

Vendedor

Falabella Unicenter

Venta, atención al clíente en los sectores de jugetería, regalería y bazar.

Mar 2006 - Mar 2011

Cadete de Compras y Abastecimiento

Boutique Nakar – Comercio de Indumentaria

Compra y entrega de telas finas para el confeccionamiento de vestidos de fiesta.

Education

Education
Mar 2009 - Present

Licenciatura en Ciencias de la Comunicación (cuarto año )

Facultad de Ciencias Sociales (UBA)
La Licenciatura  en Ciencias de la Comunicación tiene el objetivo de formar profesionales que puedan manejar con espíritu crítico y de manera creativa desde los recursos más simples hasta los más sofisticados para el ejercicio de la comunicación.

Skills

Skills

Excelente nivel de Redacción, Ortografía y Gramática.

Redacción de todo tipo de artículos académicos o periodísticos,

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Historia de Vida de Eduardo Raveg

Eduardo Raveglia tiene setenta años de edad, es psiquiatra recibido de la Universidad de Buenos Aires y también psicoanalista, profesión en donde actualmente lleva más de cuarenta años de experiencia, desempeñándose tanto de analista como de profesor de psicoanálisis. Comenzó siendo medico clínico, haciendo Anatomía Patológica (estudiando la protección de los tejidos cadavéricos humanos bajo el microscopio) en un laboratorio privado. Pero siempre desde que empezó a estudiar medicina le interesó la cuestión del Psicoanálisis, después de un intervalo en el que se formó como médico psiquiatra. Empezó a analizarse por problemas personales y a su vez ingreso en Escuela de Psicoanálisis en donde se graduó. Luego fue docente de clínica médica en el Hospital Duran, para luego desempeñarse como enseñante de clínicas de Psicoanálisis en el Hospital San Martín y como profesor en la Escuela de Privada de Psicoanálisis Gargano por más de 20 años, en donde pudo ejercer de la segunda pasiones. Hasta que decide dejar la enseñanza para tener su propio consultorio, su más grande pasión, además de coordinar grupos de encuentro entre profesionales psicoanalistas con el objetivo de mejorar su tarea analítica.

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Perfil de Eduardo Raveg

Eduardo Raveglia, de 70 años, nació en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe. Siempre fue una persona muy estudiosa y capaz. Comenzó estudiando medicina y luego descubrió su pasión por el psicoanálisis. Actualmente es psicoanalista, y coordinador de grupos de encuentro entre profesionales, donde intercambian opiniones sobre el tratamiento de los pacientes. Es un hombre de personalidad atenta y observadora, con inteligencia sagaz y mirada inquisidora que centra su atención en los detalles. Viste de forma correcta con traje y corbata. Su voz es grave y pausada en tono bajo, todo lo que dice tiene una profunda elaboración conceptual, sin dejar nada librado al azar. Es necesario escucharlo atentamente, entender a que se refiere y procurar no interrumpirlo para no hacerle perder el hilo de la charla. Fiel a su estilo, continúa formándose porque como el dice su vida es el psicoanálisis.

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Pan y Teatro

Un lugar con espíritu mendocino

Pan y Teatro es un restobar típico del barrio porteño de Boedo, ubicado en la esquina de Muñiz y el pasaje Las Casas, donde anidan los recuerdos del pasado. Nace cuando la familia Marín en los '80 decide mudarse de su finca en Mendoza a la Capital Federal. Actualmente los hijos de la abuela Antonia Salvo de Marín son sus dueños.
Emplazado en una casa de los años '50, transformada en un mercadito barrial, del que conservaron casi todo. La venta de empanadas y panes caseros deleitó al barrio y sustentó la pasión por el teatro y el arte de esta familia, quien decide convertirlo en un restaurante, en el que se conjugan todas sus habilidades, ya que todos trabajan en él. Para los Marín, el lugar es mucho más que la cocina de su familia: son añoranzas de aromas, colores y sabores traídos de su Mendoza natal, en una carta, escrita en trozos de cuero – homenaje a un abuelo anarquista – que depara placeres equilibrados entre cantidad, calidad y precio.
Sus paredes decoradas con pinceladas muestran cuadros de artistas impresionistas locales y extranjeros que van y vienen del atelier, renovado mensualmente todos los sábados a la tarde, con las pinturas más vistas de la galería de arte que está en frente del restaurante. Sus ventanas amplias y siempre abiertas dejan ver una enredadera bignonia florada que cubre parte de su techo y su fachada.
La buena cocina ocupa el lugar más importante y deja aflorar lo artístico en otros ámbitos como la música, la pintura y la poesía. El escenario, en cuyo centro se encuentra un piano, se puede escuchar un amplio repertorio de jazz y música clásica, de lunes a domingo al mediodía y los martes, miércoles y domingos por la noche, a cargo del pianista Alberto Duby. Los jueves, viernes y sábados a la noche, es acompañado por el bandoneonísta Nocito Gonzalez en una selección plenamente tanguera.
En un espacio artístico ubicado al final del corredor, Germinal Marín, un pintor impresionista argentino, dueño de Pan y Teatro, expone sus obras en forma gratuita.
Los aromas del antiguo almacén surgen con intensidad de la cocina. El clima del salón es distendido e informal, las velas y lámparas atenuadas con telas blancas alumbran el local y permiten distinguir la gente del barrio que va entrando como si fuera su propia casa.
De Mendoza llegan las aceitunas, la mejorana, el tomillo, los alcauciles y el estragón, inconfundibles en cualquier paladar. En el menú gastronómico, el rol protagónico lo tienen los platos caseros de porciones generosas e ingredientes artesanales, preparados por la abuela Antonia y servidos sobre mesas de madera tallada. Consta de una exquisita impronta autóctona, los sabores llegan en la calabaza con humita, en el cordero empanado al horno de barro, y en las empanadas mendocinas que ya son un clásico. Todo condimentado con aceite de oliva extraído de plantaciones de oliva mendocinas y hierbas de la huerta familiar; los postres hechos con el queso oriundo del Valle Uco mendocino como el queso con dulce de cayote o membrillo, y por sobre todo, el toque autóctono del vino de la finca Bermejo de la que los Marín son también dueños, sumado a la extensa variedad de vinos de fincas mendocinas.
A los vecinos del barrio, primeros y afortunados clientes se les fue sumando una clientela variopinta, que incluye turistas europeos, españoles e italianos, que conocedores de las largas esperas propia de los fines de semana, reservan su mesa con semanas de anticipación. Tanto los turistas como los porteños que se aventuran por Boedo, son bienvenidos y atendidos como en casa.
En Pan y Teatro predomina el concepto de lo casero y familiar, donde el comer es un arte que se comparte entre amigos. Convirtiéndose en un lugar único, que mezcla recuerdos de la Mendoza de los '80 con una música y un ambiente típico del presente porteño.

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CLUB FORMADOR DE GLORIAS LUCHANDO POR SOBREVIVIR

A PESAR DEL ALTO COSTO DE LOS SERVICIOS Y LOS IMPUESTOS EL CLUB VILLA REAL, COMO MUCHOS  OTROS CLUBES DE BARRIO SE MANTIENE EN EL TIEMPO

En el barrio porteño de Villa Real, el más pequeño de la capital, está ubicado un club del mismo nombre, una institución con 84 años de antigüedad, por la que pasaron innumerables figuras deportivas vinculadas al futbol. Hoy como a lo largo de sus ocho décadas sigue funcionando y participando junto al barrio a pesar de los numerosos inconvenientes por los que atraviesa.
Un 1ro de mayo del año 1930 en la calle Tinogasta 5739 se fundó el Club Social y Deportivo Villa Real conformada en sus inicios por un grupo de muchachos que jugaban en un potrero ubicado a tres cuadras en la intersección de las calles Irigoyen y Nogoyá en el barrio porteño de Villa Real.
Como la mayoría de los clubes esta institución se dedicó en un principio a practicar exclusivamente el fútbol ya que sus primeros socios, en su mayoría varones, se juntaban después de salir de las fábricas en los espacios verdes para practicar deporte. Posteriormente se fueron sumando actividades deportivas en el club y actualmente además del futbol infantil se practican deportes como kick boxing, boxeo, taekwondo, acrobacia en tela para niñas, además de los aparatos para musculación que tienen en el Real Gym que funciona en la planta alta del club.
Este club, que vio pasar verdaderas glorias del fútbol argentino como Carlos Bianchi, Carlitos Tévez, Gastón Pezzuti ex arquero recientemente retirado o incluso el actual defensa de Vélez Sarsfield Matías Pérez Acuña. Lucha por mantenerse vigente y seguir formando nuevos valores infantiles. En su momento con Vélez y en la actualidad con Boca Juniors el ex jugador y actual técnico de inferiores Eduardo Pino Hernández, quien entre otras actividades le dedica un tiempo por las tardes-noches a entrenar niños para que en el futuro puedan acceder a estos clubes.
Pero la realidad económica por la que atraviesa no sólo este club sino tantos clubes de barrio que tienen que afrontar gastos como juicios de ex empleados, pagos de los servicios de gas y luz sin descuentos, salvo el ABL y la poca participación de los socios están llevando a los clubes de barrio a quedarse estancados e incluso a desaparecer por la poca disponibilidad de fondos para auto gestionarse.
Estos clubes, si bien tienen una función que es sin fines de lucro, realizan también funciones sociales gratuitas. Como afirma el presidente del club cercano el Ateneo Popular Versalles el señor Oscar Maldonado, quien también se desempeña como tesorero de la Federación de Básquet del Área Metropolitana de Buenos Aires y que junto a una escuela de la zona inicio un proyecto para que los chicos con problemas de conducta asistan al club sin abonar cuota alguna: “Vos salís del club y allá en la esquina hay droga, yo entiendo que participando en las actividades del club cambian los chicos empiezan a compartir roles a adquirir responsabilidades, mejoran”.
El Club Villa Real, no solo tiene que afrontar gastos de impuestos y habilitaciones, a esto debemos sumarle que por ser un barrio de edificaciones pequeñas, no existe gran número de vecinos, además existen otros clubes en la zona con los cuales el número de socios se ve reducido.
El Club Villa Real es solo un ejemplo de los cientos de clubes de barrio que padecen la misma situación desamparo. A nivel social como afectivo los miembros de la comunidad barrial se ven representados por estas instituciones en su idiosincrasia popular. Tanto jubilados que pasan allí su tiempo, participando de juegos como los naipes, las bochas, charlando en el bar; como así también jóvenes y niños de ambos sexos que participan realizando diferentes actividades deportivas y culturas, destacándose hoy en día predominantemente, el futbol y la danza artística. Gente orgullosa de su barrio y que siente ese ambiente como propio, al considerando al club como su "segundo hogar". Todo club de barrio es una asociación de personas reunidas en forma periódica para compartir intereses comunes, esta funciona como una sociedad recreativa. La misma es administrada en forma autogestiva y democrática, cuyo sistema de gestión se basa en la distribución y delegación del poder discutida en Asambleas de Comisión Directiva. Esta es conformada por los propios socios, quienes en conjunto asumen como persona jurídica, deberes y obligaciones desde lo institucional para relacionarse con el resto de la comunidad. Al ser sociedades civiles sin fines de lucro los miembros de la Comisión Directiva no perciben salario por su trabajo. Este tipo de organizaciones se sostiene económicamente a partir del cobro de la cuota social, sumado a las estrategias comerciales ya sea concesionar y/o alquilar sus instalaciones a escuelas privadas como campo de deportes, a clubes de menor infraestructura edilicia; y a particulares como salón de eventos varios.
Los clubes de barrio conservan costumbres y valores de pertenencia que son transmitidos generacionalmente de padres a hijos, manteniéndose casi intactas las tradiciones de antaño. Estos lugares que podrían ser considerados históricos, y que para la gente habitué sí lo son, parecen haber quedado en cierto modo presos de la impronta del momento histórico de su fundación, esto se ve plasmado en algunos casos por la conservación casi total de su arquitectura original. La memoria colectiva de dichos lugares se va construyendo a través del tiempo dado el recuerdo que le transfieren a las generaciones venideras, que al disfrutar de ese espacio se conectan con un pasado que sienten aún vigente al vivirlo a diario. Gracias a este proceso histórico de rememoración es posible conectar la fundación de estos clubes con su presente.
Los clubes de barrio nacieron desde una necesidad en nuestro país en el siglo XX, teniendo su época de esplendor en la década del 40. Creados por el afán de cohesión de la sociedad, la actividad cultural, deportiva y social de cada barrio, conformándose como punto de referencia casi exclusivo. Con el correr del tiempo fueron disminuyendo y perdiendo importancia debido a muchos factores. En primer lugar por el surgimiento de instituciones deportivas más profesionalizadas vinculadas al negocio empresario. En segundo lugar, el surgimiento de los gimnasios y las canchas privadas provocó que los clubes chicos perdieran territorio. El tercer lugar, el devenir económico del país es clave para la subsistencia de estas instituciones. Cada crisis económico y/o gobierno neoliberal a sido fatal para ellos. Este capitalismo abrasivo exige cada vez más que estas entidades se conviertan en negocios orientados a ser rentables productores de ganancia, quitándoles así su esencia. Como afirma Oscar Maldonado, Presidente del Club Ateneo Popular Versailles, el funcionamiento de un club es equivalente al del país. Cuando a la nación le va bien el club funciona bien, pero cuando al país le va mal peligra y puede desaparecer.
Cada club es un proyecto, es aquello que determina que una organización se haya constituido y funcione de una determinada manera, es estar atento a la relación que se establezca entre la institución y la sociedad, cubriendo las necesidades o carencias existentes en la comunidad, estas interacciones deben ser tenidas en cuenta, ya que son determinantes para el éxito o el fracaso.
En la actualidad existen diferentes herramientas de las cuales se pueden valer los clubes para difundir, convocar y promover el crecimiento de la institución, ya que no solamente el boca en boca, la revista barrial, los volantes y/o anuncios callejeros y demás sistemas tradicionales se suma hoy la tecnología en la cual desde las redes sociales como el Facebook, se puede interactuar no solo con los socios sino con el público en general, ya sea este del barrio o no.
El avance económico que experimentó el país a partir del 2004 se vio reflejado también en la recuperación de los clubes barriales, empezando la misma de a poco. Estos habían declinado en la década de los '80 para pasar a ser casi una sombra sobre finales de los '90. En su gran mayoría, esta reparación fue el efecto del incansable trabajo de dirigentes barriales. Su labor podría resumirse en la idea de que el deporte en escala local y las actividades recreativas y culturales configuran la identidad de un barrio, pero aun así, dicho concepto sigue conviviendo y pujando en lucha con los vaivenes económicos de una sociedad capitalista exclusivamente lucrativa.

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